Recuento sobre la Especialidad de Planificación Regional y Urbana
A fines de este año la Especialidad de Planificación Regional y Urbana cumplirá 50 años de creada, nada menos que medio siglo. Y en una efeméride de tal alcance es casi obligado hacer un recuento. Al decir de Graciella Pogolotti “Las memorias se escriben sobre las arenas movedizas de un presente sumergido cada noche en el ayer”[1]. Corriendo esos riesgos me atrevo a hacer este repaso subjetivo e incompleto.
1968 fue un año internacionalmente convulso con el inicio de los bombardeos estadounidenses a Vietnam; la mayor huelga en la historia de Francia; los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy y la intervención de las tropas soviéticas en Praga. Cuba, aún estremecida por la caída del Che en Bolivia y la frustración de no haber logrado la replicación de la lucha guerrillera en otros países latinoamericanos, no detuvo sus transformaciones políticas y sociales, sólo en el primer trimestre del año celebró el Congreso Cultural de la Habana, inició la lucha contra la micro-fracción y la llamada ofensiva revolucionaria.
Tres años antes, en 1965, el país se había propuesto un programa de desarrollo económico basado en la agricultura, especialmente la cañera por el preferencial convenio comercial con la Unión Soviética lo que implicaba crear condiciones para llegar a producir 10 millones de toneladas de azúcar en 1970, además de desarrollar otras producciones para la exportación y el consumo.
La nación entera se volcó a la agricultura, encabezada por su dirección política. El criterio de cultivos intensivos y especializados demandaba un nuevo modelo de estructuración agraria. Para dirigir este proceso se crearon en todas las provincias, y posteriormente a nivel nacional, los Puestos de Mando de la Agricultura, a semejanza de la estructura militar, en ellos prácticamente radicaba la conducción del país.
Nazareno fue la sede del correspondiente a la entonces provincia de La Habana y tomó su nombre del asentamiento más cercano. A unos cuarenta kilómetros del centro de la capital, en una pequeña elevación y alrededor de una casita existente, se habían construido unas modestas naves de madera para albergar los grupos de cada cultivo, la dirección económica y la de Planificación Física. Al inicio sólo una construcción era de ladrillo y placa: La Mapoteca, después siguieron el comedor, el albergue y la nueva nave de Planificación Física. El diseño del lugar tuvo el buen tino de respetar en todo lo posible el medioambiente, lo que lo hacía muy agradable.
Fidel, como siempre al frente de las tareas priorizadas, visitaba el lugar con frecuencia. Uno de esos días, revisando los proyectos de nuevas edificaciones a cargo de estudiantes de tercer año con el arquitecto Raúl González Romero como profesor, manifestó su idea de especializar cada año a 30 estudiantes de Arquitectura en Planificación Física y que su formación radicara allí.
Creada en 1960, la Planificación Física tenía a finales de la década un aval de trabajo impresionante y se había hecho imprescindible para la toma de decisiones; sin embargo era poco conocida por la mayoría de los cubanos, incluyendo los estudiantes de Arquitectura.
Por ello la decisión de integrarnos a esta disciplina nos causó sorpresa y estupor. Era un cambio imprevisto de nuestro futuro profesional, no teníamos ni idea de a qué se nos convocaba. No puedo precisar si las explicaciones que recibimos fueron insuficientes o si nosotros, yo en particular, no estábamos preparados para entenderlas. Lo cierto es que para conformar el primer grupo se dio un voto de confianza a las organizaciones estudiantiles.
La Especialidad tuvo como premisa formar a los estudiantes en la teoría y en la práctica, fue uno de los dos grupos[2] que iniciaron la “universalización de la universidad”. No hubo mucho tiempo para analizar diferentes propuestas, se hizo camino al andar. Recibimos una amplia gama de conocimientos; reconozco que a Celis no se le quedó nada por incluir: de las teorías sobre la planificación regional y urbana más actualizadas hasta los elementos prácticos para proyectar el territorio. Durante dos años tuvimos profesores excelentes que se ajustaron a fórmulas docentes poco convencionales para impartir materias que en muchos casos no formaban parte del programa de estudios vigente. De Roberto Segre a Viterbo O’Reilly; de Francisco Celis a Alfredo González; de los ingenieros Lugo y Martínez a Cecilia Menéndez, Rodolfo Fernández, Teresa Naredo, Marta Lorenzo y Carlos Capote en los talleres, sin olvidar los aportes posteriores de Sergio Baroni, tuvimos un claustro de lujo y todos ellos dejaron su impronta en nosotros.
No menos importante fue la transmisión de habilidades y destrezas que nos aportaron los proyectistas, investigadores de campo, especialistas en catastro y otros trabajadores del IPF los que unidos a las experiencias de técnicos y dirigentes de la agricultura, construcción, recursos hidráulicos y viales, redes eléctricas, mecanización, etc. nos permitieron en cortos meses hacer proyectos en una escala hasta el momento inusual.
Proyectar sí, pero en otra dimensión donde el espacio abarcaba decenas de caballerías en vez de una parcela y el objeto de estudio consistía en diseñar un plan agropecuario en lugar de un edificio. Era organizar el territorio del mañana, para producir eficientemente y alcanzar la equidad social, modificando sustancialmente el modo de vida rural. Se diseñaba todo: los campos típicos, los sistemas de riego, los trazados de guardarrayas y caminos, las redes de electricidad y comunicaciones, los talleres, los almacenes y, no por último menos importante, las nuevas comunidades con todos los servicios necesarios donde iban a residir los trabajadores de aquellos Planes Especializados.
Estos proyectos eran las piezas que, después de concertados y aprobados, se volcaban sobre un cartográfico 1:50 mil que presidía la Mapoteca, conocido como el Plano Madre, sobre él se analizaba y decidía el desarrollo de la provincia. Hicimos decenas de proyectos para ganadería, cítricos y frutales, caña, viandas y vegetales, café, tabaco e incluso para el esparcimiento. Casi todos se ejecutaron rápidamente, modificando el espacio habanero y tornándose en referencia para el resto del país. Testimonio de esa época es el documental de Rogelio Paris “No tenemos derecho a esperar”, que recomiendo a todos.
Con el paso de los meses y la conformación de nuevos grupos, los estudiantes fueron dislocándose fuera de Nazareno: Sandino, las Agrupaciones Genéticas de La Habana y Matanzas, el Plan Ganadero del Escambray, el Puesto de Mando del Yarey y otros territorios los acogieron.
La Especialidad de Planificación Física permaneció como programa de estudios desde 1968 hasta 1987, tuvo 7 ediciones en La Habana y 8 en Santiago de Cuba. Desapareció al considerarse pertinente reducir las especialidades en las carreras universitarias y formar profesionales con una enseñanza más general. No contamos con la cifra oficial de cuántos la matricularon, pero al reconstruir los grupos apelando a la memoria llegamos a que unos 190 estudiantes pasaron por ella. Fue sin duda un refuerzo importante en cantidad y calidad para el IPF y sus oficinas provinciales en el momento cuando la transformación del territorio era una prioridad.
Si pensamos que estos estudiantes apenas rebasaban las dos décadas de vida, lo que más me asombra e impresiona es la confianza que los dirigentes a todos los niveles, comenzando por los del Instituto, depositaron en nosotros y su certidumbre de que daríamos respuestas técnicas acertadas. El respeto, la consideración y el apoyo que recibimos de ellos nos hizo comprometernos y crecernos, sin escatimar en tiempo y esfuerzos para que nuestro desempeño fuera el mejor, no sin cierto sobresalto en algunos momentos.
Al graduarnos no hubo muchos cambios, continuamos dedicados a la Planificación Física aunque se diversificaron los temas y las escalas de trabajo. Así, en los años subsiguientes tuvimos la oportunidad de participar en tareas importantes y complejas como los estudios para la División Político Administrativa; el Sistema de Asentamientos Humanos; la distribución territorial de las ramas industriales; la jerarquía y localización de los servicios sociales; el Esquema de Desarrollo Económico y Social al año 2000, nacional y por provincias; la localización de inversiones productivas y no productivas de los Planes Quinquenales; los estudios para el campismo; los Planes Directores de las principales ciudades etc. Muchos egresados de la Especialidad participaron en la cooperación técnica a diferentes países y también de intervinieron en proyectos de colaboración internacional.
Un grupo significativo estos profesionales han dedicado toda su vida laboral al Sistema de la Planificación Física. Con el paso del tiempo otros decidieron ir a diferentes instituciones acometiendo disimiles tareas, pero creo que siempre llevaron a sus nuevos trabajos los conocimientos adquiridos y la capacidad de sintetizar e integrar articuladamente diferentes aspectos de la realidad nacional en los temas que emprendieron. Decimos que llevan “en vena” las experiencias del trabajo en Planificación Física.
Ya peinamos canas, tenemos hijos, nietos y hasta biznietos, rebasamos la séptima década de la vida, muchos nos hemos jubilado… Conocimos éxitos y fracasos, sueños y desilusiones, pero todos evocamos con cariño este periodo de formación profesional donde el futuro se mezclaba con el presente en una rara conjugación de pronóstico y realidad.
Nada de ello hubiese sido posible sin la visión, como siempre creadora, de Fidel; sin la dedicación de la dirección y los profesionales del Instituto; sin el empeño de los profesores; sin apoyo de los técnicos de otras especialidades; sin el respaldo de los dirigentes de diferentes niveles… Rememorar la Especialidad implica recordar y reconocer a las muchas personas que nos acompañaron brindándonos sus saberes y experiencias, así como también su cariño, tolerancia, aliento y comprensión.
Seguramente no todo fue un lecho de rosas, pero como dice García Márquez en sus Memorias: “la nostalgia, como siempre, debe haber borrado los malos recuerdos y magnificado los buenos”[3]…
Quisiera terminar citando un párrafo del discurso del Comandante en Jefe el 13 de marzo de 1969, el cual, con las adecuaciones lógicas a los tiempos que vivimos, debe continuar siendo la divisa de trabajo para los que nos suceden en esta hermosa tarea de planificar el desarrollo del país.
“los de Arquitectura tienen decenas de miles de kilómetros que planificar, de caminos, de carreteras, de trochas contra incendios en los bosques; los de Arquitectura tienen mucha planificación física que hacer, muchas instalaciones indus-triales, de servicios y de viviendas que ubicar y muchos proyectos que realizar”
Muchas gracias
Mayo 2018
[1] Pogolotti, Graciela. Dinosauria soy. UNEAC, La Habana,2011
[2] El otro grupo estuvo integrado por los estudiantes de ingeniería que se dedicaron al terraceo de Cayajabos, bajo la dirección de Osmany Cienfuegos.
[3] García Márquez, Gabriel: Vivir para contarla. Editorial Suramericana, Buenos Aires 2002.









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